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¿Democracia a medias? El paisaje militarizado de Bullrich

El despliegue represivo como nueva costumbre. La ley Bases, triunfo pírrico del gobierno pero triunfo al fin. El cómodo paso por Diputados. El presidente nos mete en la guerra de Ucrania. China sonríe: Milei deberá visitar “comunistas”. Mendoza en la picota.

15/06/2024 21:37
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Por Roberto Follari, Especial para Jornada

Nos hemos acostumbrado al paisaje de los cientos y cientos de personeros de seguridad vestidos de Robocop, artificializados como máquinas detrás de escudos, escafandras, viseras, cascos. En muchas situaciones, son ellos los que cortan las calles, ellos los que hacen de manifestantes, pues son más que los manifestantes mismos. Anónimos tras los artificios que los protegen, no llevan su nombre inscripto en ningún sitio, no puede saberse quiénes son.

  Ese fue el espectáculo con que comenzó el tratamiento de la ley Bases: la presencia represiva fue -como Bullrich acostumbra- muy anterior a cualquier amenaza a la seguridad. Lo que sí hubo fue una enorme manifestación social contra la ley, que la tv pudo disimular gracias a los disturbios: y que iba a ser mayor aún, porque se impidió a camioneros y otros sindicatos que sus columnas llegaran a la plaza. Ese fue otro cometido de las fuerzas represivas, cumplido con eficacia: impedir el ejercicio del derecho constitucional de protesta.

  Más tarde hubo disturbios, que incluyeron la quema de automóviles. Fueron faltas graves: y sin dudas que la presencia excesiva de los Robocop contribuye a crear el clima para esas reacciones inaceptables. Los autores de desmanes fueron una ínfima minoría, no afectaban la legitimidad de la protesta: pero el oficialismo no habló de la protesta, sino sólo de los disturbios. Los que hayan cometido acciones ilegales, deberán responder por ello: pero esto debiera incluir también a las fuerzas policiales, cuyas intervenciones no siempre resultaron proporcionadas ni aplicadas a quienes correspondía. Tanto es así, que hasta en La Nación+ pidieron luego diferenciar entre las personas apresadas, pues era obvio que algunas no debían estarlo.

  El gobierno difundió un insólito comunicado, hablando de “golpe de Estado” y de la existencia de “grupos terroristas”. Se pudo creer que era una típica hipérbole mileísta, y que era casi para tomarlo a risa. Grave error: en esa disparatada calificación se basó el fiscal Stornelli para acusar a los detenidos -eran 33- de sedición y una serie de extremos delitos. Pasmosamente, alegan que quienes manifestaban estaban tirando abajo al gobierno por vía de un golpe. Y esa calificación se ha usado judicialmente, sin ningún manejo sensato de las acusaciones.

  Vivimos en la Argentina, que a veces es Macondo. Sólo así puede ser Stornelli quien tenga a cargo esta causa, como si no se recordara que fue un fiscal que perseguía a la nueva pareja de su ex mujer, y que tuviera una actuación memorablemente nefasta en la manoseada “causa de los cuadernos”. Es quien hace las acusaciones, basado solemnemente en que el gobierno habla de “golpe de Estado”.

  Es tan burda la acusación, que hasta Bullrich -no versada en distinciones de la filosofía jurídica- se vio obligada a “aclarar” que era un “golpe de nuevo tipo”, sin Fuerzas Armadas ni nada por el estilo. Incomprensible. Si los asaltantes del Planalto en Brasil fueron acusados de golpe, es porque a su acción civil -organizada y en enorme multitud, muy diferente a lo aquí sucedido con los violentos- se complementaba con el acampar enfrente de un cuartel pidiendo la intervención de las Fuerzas Armadas.  

  Lo cierto es que a la fecha sólo 17 de los apresados han sido liberados por la jueza Servini de Cubría. Toda clase de protestas ha habido de los organismos de derechos humanos, organizaciones sociales y políticas: las acusaciones son desmesuradas, y conllevan la idea de acabar con la protesta social por vía del disciplinamiento y el miedo.

  Las acciones de esos grupos minúsculos fueron violentas, pero no se sabe si los que están presos fueron los que las cometieron. Tampoco se sabe, como se ha denunciado y hay videos que lo apoyan, en cuánto se trató de infiltrados de la policía. La falta de requisitos legales para actuación de policías de civil en estos casos, y la imposibilidad de reconocerlos entre la multitud, hacen que los episodios de infiltración queden impunes.

  Lo cierto es que se ha logrado oscurecer la amplia manifestación social contra la ley, a la vez que perseguir a algunos de los manifestantes como amenaza para cualquier manifestante posterior. Algo muy necesario al gobierno porque sus propios manifestantes se advierten muy escasos, si se atiende al minúsculo acto que Pettovello protagonizó en el Obelisco para asegurar épicamente que seguirá en el cargo.

  Mientras, comienza la pregunta de si es normal que en un acto haya fuerzas de Policía de la Ciudad. Policía Federal Argentina, Policía de Seguridad Aeroportuaria, Prefectura y Gendarmería. ¿Será que estamos en guerra y no lo sabíamos? ¿Por qué todo eso junto?

  Y además. ¿Qué hace Prefectura en la calle, en vez de proteger las vías fluviales? ¿qué tiene que ver su función con la de represión social? ¿qué hace Gendarmería, que hasta llevó camiones hidrantes, como si eso tuviera que ver con sus funciones de cuidado de las fronteras? ¿estas fuerzas han abandonado sus actividades específicas? ¿se las puede usar para cualquier cosa?

  Mientras, las policías fingen que represión de la protesta social es lo mismo que seguridad ciudadana. Las policías están ahora para reprimir manifestaciones y no para perseguir el delito, el cual crece sin problema alguno.

  “No hay plata”, pero la inversión en personal y pertrechos represivos es enorme. Allí se contribuye alegremente al déficit fiscal. Tanto, que se comenta en círculos del peronismo la idea de exigir auditoría a todas las fuerzas de seguridad para establecer sus gastos, así como determinar en cuánto cumplen o no sus funciones específicas.


¿Democracia limitada?

  El espectáculo repetido de militarización generalizada ante cualquier manifestación pública; el aumento de las acciones represivas (dos días luego del acto, se produjo un violento allanamiento en Bajo Flores), y el tratamiento judicial a los detenidos con acusaciones manifiestamente excesivas, llevan a pensar en la obra del gran filósofo Agamben, quien dedicó al “estado de excepción” uno de sus libros.

  El autor italiano dejó claro que es una necesidad intrínseca de muchos gobiernos, la de limitar la protesta o la palabra crítica. Y que, para ello, se hace una difusa capa de sentido, que discursivamente con/funde democracia con seguridad, democracia con celo represivo, democracia con cuidado ante enemigos nunca bien definidos, pero presentados como perversos y multiformes. De tal modo, se limita el ejercicio efectivo de la democracia con la apelación a un “estado de excepción” que puede explicitarse o no como tal, pero que busca achicar las garantías y libertades en virtud de algún evanescente peligro del cual debiéramos guardarnos meticulosamente.

  Ojalá no sea ese el caso con la democracia argentina, y existan resortes para impedirlo: pero es una amenaza existente.

  Mientras, el paso de la ley por Diputados parece que será un simple trámite: el gobierno podría imponer de nuevo el Impuesto a las ganancias, de modo que ese dinero vaya a las provincias, pues esa ha sido la moneda de cambio con gobernadores. El triunfo en Senadores fue más accidentado: con empate, con una Villarruel -la visitante del dictador Videla- desempatando mientras hablaba de democracia, con una curiosa designación de la neuquina Crexell para embajadora en la Unesco, y cargos para los senadores ¿peronistas? Kueider y Spinola. Crexell insistió en que le habían ofrecido el cargo antes de abril, pero eso poco importa: debiera haberse excusado por conflicto de intereses, pues podría calificarse el caso bajo el rubro de dádivas.

  Igual, ya no se discute la legitimidad de esa victoria lograda sobre tan débiles cimientos. No podría esperarse que judicialmente se ponga en cuestión el resultado. El gobierno festeja: los mercados mejoraron un día su cotización, al siguiente volvieron a aumentar el riesgo país y el dólar. Y se habla de un pacto de mayo en julio, mientras aumenta la protesta social y las encuestas ya dan a Milei en 45 y hasta en sólo 42 de aceptación, con clara mayoría de la población en su contra.

 Ayer Israel, hoy Ucrania

  Milei fue al G-7, pero dejó aquí a Mondino: ella había organizado un acto con embajadas de los países árabes, y estaba incluida Gaza. Milei se enteró antes de llegar, y decidió no concurrir. El desaire fue respondido con dureza por la diplomacia árabe en Argentina, y Mondino quedó en la cuerda floja. Además, Karina le quitó un área central para las funciones del Ministerio (la Fundación Argentina para la promoción de inversiones y comercio internacional).

  Sin pasar por el Congreso como es usual, hemos sabido que Argentina se incluyó -por decisión de Milei expresada en Europa- al Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania. En los fundamentos que expresó Petri, ellos nos favorecerá para las inversiones y la inserción internacional del país.

  Lo cierto es que nuevamente nos vemos envueltos en guerras que no nos atañen directamente, sin que se haya consultado a la opinión pública ni a la sociedad civil. Ya había ocurrido cuando el apoyo a Israel, cuyo comportamiento en Gaza (soportó 1200 muertos en el ataque de Hamas, lleva 37000 muertos palestinos por sus ataques) ha promovido mayoritario rechazo a nivel mundial.

  El G-7 mostró escasa iniciativa para repensarse tras la derrota electoral ante la extrema derecha por el Parlamento europeo. Todo sigue igual: insistiendo contra Rusia en una guerra que está arruinando a Europa -especialmente a Alemania-, y que es decisiva para producir la crisis económica y cultural que las derechas están aprovechando.

  El Papa estuvo presente para hablar de inteligencia artificial: Milei lo abrazó, y se vio al Pontífice bastante incómodo. Es que la Catedral porteña abrió sus puertas a los hambrientos hace unos días en enorme comida colectiva -un hecho con pocos precedentes- y la parroquia Inmaculada Concepción de Constitución fue ganada por cánticos opositores. La disculpa posterior del párroco deja claro que no implica condena a quienes se expresaron.

  Mientras, los alineamientos del presidente se encuentran con la realidad. Hubo que ir a pedir -y luego agradecer- a Lula por la emergencia del gas: nuestro presidente lo había llamado “comunista” y “corrupto”. Ahora los chinos permitieron el swap y Argentina tendrá plazos para pagar, pero Milei deberá concurrir a ese país con el que dijo que jamás transaría. Hoy la Cancillería agradece a los chinos, que no dejan de saber que la pandemia ya acabó, revirtiendo la burla que Adorni les hizo hace algunas semanas.   


Mendoza, la bien plantada

  Mientras, la Mendoza tantas veces elogiada como imaginaria suma de las virtudes republicanas, consintió en desmetirlas con dos hechos llamativos.  

  Uno, fue la venta de leche de los galpones de Pettovello. Como se sabe, ésta sigue sin repartir el resto de los alimentos, y los casos de corrupción en su ministerio están bajo tratamiento judicial. Lo cierto es que Cornejo -aquel joven socialdemócrata hoy devenido en paladín de la derecha- trató de aclarar que Conin le pidió ayuda al gobierno, pero que la leche entregada es responsabilidad de Conin y no del gobierno provincial. Todo confuso: no queda claro en qué lugar de la cadena Pettovello/Conin/gobierno de Mendoza/usuarios se ha producido el delito: pero es escándalo adicional que la leche tan discutida, se esté vendiendo y no entregando de manera gratuita.

  Por otro lado, un pasmoso video mostró a militares de la Fuerza Aérea local en una acalorada fiesta con una bailarina de rumba semidesnuda: parece que era una singular manera de festejar el día del Padre. Se dice que ya están las sanciones para los involucrados/as, pero lo cierto es que las imágenes dejan estupefacto a cualquiera, y muestran cuál es la disciplina que sobre las fuerzas militares ha conseguido el ministerio de Petri.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.

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