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"Vale cuatro" el último canto donde juega Marcelo Figueras

Un adelanto en primera persona, para los lectores, mientras el libro llega a las librerías de todo el país. Risas, huellas, fantasmas, crisis, bronca y un rumor de noticias que no paran de llegar. Una novela, donde la historia, el presente, la literatura y el buen gusto se conjugan

01/04/2025 20:27
Se publicó la última novela de Marcelo Figueras.

“Yo no contaba con esta novela. Suelo andar por la vida con, como mínimo, dos proyectos in pectore: historias que voy macerando, mientras espero que maduren al punto de ser narradas. Pero este libro que presento acá porque sale ya, en abril —llamado Valecuatro, como canta uno en el truco cuando sube la apuesta al límite— no llegó nunca a ser una de esas, a ocupar su turno en la fila. Como en su momento lo hizo Kamchatka, apareció y se impuso de repente, en los últimos tramos del año '23, cuando ya se insinuaba el fenómeno que convertiría en Presidente a Milei”.

“Durante esa temporada empezaron a asaltarme los recuerdos de mi experiencia durante el secundario. Que transcurrió en un colegio religioso, de varones, del barrio de Caballito. Yo entré a Primer Año en el '74, y la dictadura me sorprendió en Tercero. Al principio no tenía la menor idea de por qué resurgían aquellas anécdotas, tanto tiempo después (¡ocurrieron en otro siglo, literalmente!) y en un marco tan distinto. Pero entonces entendí. Yo venía preguntándome cómo había sido posible que, después de 40 años de democracia, nos encontrásemos nuevamente al filo del abismo, desbarrancando hacia lo que pintaba ya entonces –¡porque Milei no disimuló nada!— como una nueva experiencia autoritaria. Y comprendí que, más allá de los matices, mi experiencia de los años '70 tenía puntos de coincidencia con lo que ahora vivíamos”.

“Los adolescentes entramos en esa dictadura creyendo que se trataba de un gobierno militar más, como los tantos que ya conocíamos: Onganía, Levingston, Lanusse... En vez de Presi civil, había un Presi que era milico. Y en las calles había menos quilombo. Eso era todo lo que solía diferenciar un gobierno de facto de uno democrático. En consecuencia, decidimos seguir boludeando. Las cosas pintaban tan normales como la anormalidad a la que estábamos habituados. ¿Por qué íbamos a comportarnos de otro modo? No hubiésemos podido hacer otra cosa aún deseándolo, porque el horror que caracterizó a esa dictadura se perpetró en las sombras y porque los medios no informaban una mierda. ¡Lo ignorábamos todo!”

“Pero algo imperceptible cambió, al menos en mi escuela. Que hasta entonces había sido permisiva y amorosa, pero que en el '76 mudó de conducción y de espíritu. Los docentes y hermanos españoles que frecuentábamos siguieron siendo bonachones y contenedores, pero el nuevo rector era, y venía a, otra cosa. Nos enseñó lo que significaba verse sometido a un régimen cruel, que no necesitaba justificar sus actos. Mientras el mundo exterior insistía en mostrarse civilizado, en sostener su escenografía de orden y legalidad, puertas adentro de la escuela experimenté por primera vez el autoritarismo”.

“Por eso imaginé que mi historia podía ser útil para pensar el presente. (Y, de paso, entretener a los lectores con el recuento de las guarradas que hacíamos. Un amigo muy generoso que ya la leyó dijo: "¡Es tu Amarcord!") Porque, así como me pasó entonces, muchos argentinos del presente creyeron también que el de Milei iba a ser un gobierno democrático más... pero no. El autoritarismo no te avisa que está viniendo: se va colando de a poco, por toda grieta y hueco que le dejes abierto, y un día, cuando ya es demasiado tarde, te descubrís con el agua al cuello, sumergido en la marejada hasta el punto de no poder desprenderte de ella. Por eso lo mejor es avivarse pronto. Porque, cuanto antes te avives, antes vas a empezar a tratar de liberarte”.

“Yo no contaba con esta novela, con Valecuatro. Pero Valecuatro —como la historia de nuestra futura liberación— quiso ser contada. Y acá está”.

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