El ex tenista argentino pasó por el escenario del SAP Now AI Tour en La Rural para compartir una charla íntima sobre resiliencia, gestión de la presión y el desafío de barajar y dar de nuevo cuando el deporte de alto rendimiento llega a su fin.
Lejos de esquivar las preguntas sobre su época dorada frente al Big Three (Federer, Nadal y Djokovic) o el doloroso calvario de las lesiones que marcaron el final de su carrera, Juan Martín Del Potro transita su presente con otra sintonía. Durante su paso por el escenario del SAP Now AI Tour, realizado en La Rural de Palermo, el tandilense compartió una mirada íntima sobre la resiliencia, la gestión de la presión y el complejo camino de barajar y dar de nuevo cuando el deporte de alto rendimiento dice adiós de manera imprevista.
Ese tránsito del trauma físico a la aceptación requirió tiempo. Tras su último partido simbólico en diciembre de 2024 junto a Novak Djokovic, Gabriela Sabatini y Gisela Dulko, el exnúmero tres del mundo admitió haber atravesado un período de profunda angustia. A la falta de rutina se sumó el vacío del entorno competitivo: "El tenis es muy lindo pero también muy duro. Cuando vas ganando te tratan espectacular, pero cuando vas perdiendo el ranking ese trato cambia. Toda la gente que tenías alrededor disponible y pendiente de lo que vos decís, llega un día en el que eso se acaba".
Sin embargo, el panorama actual es diametralmente opuesto. Disfruta de la cotidianeidad en Tandil, de sus perros y del anonimato relativo al ya no ser asediado constantemente por las cámaras. "Lo que más me gusta es no tener cuatro o cinco personas viendo lo que estoy comiendo o tomando", bromeó, antes de graficar el alivio de vacacionar como un turista más: "Poder tomarme una foto frente a la Torre Eiffel en lugar de verla de camino al estadio de Roland Garros" no tiene precio.
Hoy, la energía que antes volcaba en los courts se canaliza en contar su historia y conectar con audiencias que atraviesan procesos de transformación, tanto en el ámbito personal como corporativo. Un ejemplo de esta nueva etapa es su regreso a los micrófonos como comentarista televisivo para la semana final del US Open en Nueva York, un rol que tiempo atrás le resultaba esquivo. "Lo hice hace dos o tres años atrás, y cuando estaba comentando me agarró una emoción muy fuerte que no pude controlar, y tuve que dejar de hacerlo porque quería saltar a la cancha. Tuve que admitir: "No estoy preparado para esto. Quiero seguir jugando al tenis." Pero hoy estoy en otro momento de la vida y creo que es un desafío llevar a los fanáticos del tenis algunos conceptos distintos, aportar algo diferente", reconoció.
La trastienda de la presión: resiliencia y disciplina
Compartir cancha con Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic equivale a cursar un máster avanzado en manejo de la tensión extrema. Consultado sobre cómo lidiaba con ese peso mental, Del Potro explicó que la clave nunca fue la inspiración espontánea, sino el rigor diario. Recordó, por ejemplo, cuando disputaba finales en el circuito donde el público local apoyaba masivamente al suizo; en lugar de victimizarse, interpretaba esa hostilidad como un síntoma de respeto: "Sentía que me presionaban a mí porque había una calidad, me veían como un rival y con buenos objetivos".
A nivel local, el peso de la exigencia argentina también se hizo sentir durante años con la cuenta pendiente de la Ensaladera de Plata. "Nosotros en Argentina tenemos un tema de "la Copa que no tenemos", que le pesó a Messi ahora, y que durante toda mi carrera, más allá de ganar torneos por todo el circuito, me faltaba. Hasta que la ganamos y me saqué una mochila que padecí muchísimos años. Esa presión la trabajaba solo", rememoró sobre la histórica gesta de la Copa Davis en 2016.
Para la Torre de Tandil, el secreto detrás de la fortaleza mental radicaba en la metodología de trabajo: "No había mejor terapia y mejor psicología para mí que seguir lo que decían mis entrenadores, entrenar al máximo, y cuando tocaba el momento de descansar, hacerlo bien. Esa disciplina sostenida en el tiempo a mí me preparaba mentalmente para afrontar no solo el Big Three, sino cualquier momento de presión con confianza en mí mismo y en mi cuerpo".
El arte de adaptarse cuando el destino cambia los planes
La resiliencia de Del Potro no se puso a prueba únicamente frente a los mejores de la historia, sino en su propia capacidad de reconvertirse en el plano físico. En 2009, con apenas 20 años, tocó el cielo al vencer a Federer en la final del US Open. Años más tarde, los problemas en la muñeca lo llevaron al límite del retiro prematuro.
Lejos de bajar los brazos, apostó por reinventar su mecánica de golpeo. En su reaparición, el azar lo cruzó de inmediato con un intratable Novak Djokovic. Lejos de amedrentarse, firmó una de sus actuaciones más memorables: "Pero el destino tenía otro plan. Jugué uno de los mejores partidos de mi vida, así con mi muñeca medio mala, pegando golpes raros, lo compliqué tanto a Djokovic que terminé ganando y al final de ese año coroné mi carrera con la Copa Davis". La lección que dejó aquella gesta es que la adaptación y la fortuna acompañan solo a quien se preparó rigurosamente.
Hoy, la historia es otra, pero el aprendizaje sigue siendo el mismo. Ya sin la exigencia del circuito profesional, Del Potro abraza una reinvención genuina que transmite tanto en los auditorios de negocios como frente a los micrófonos: "Creo que recién ahora puedo decir que hoy me levanto contento y que cuando salgo a la calle puedo disfrutar de estar en mi lugar o de hacer este tipo de cosas y pasarlo bien. Esa es una reinvención".