En el transcurso del invierno hacia la primavera, los productores locales evalúan tecnologías que transforman sarmientos sobrantes en fertilidad y aseguran que cada semilla se convierta en ganancia para la próxima cosecha.
Por estas semanas, la agricultura mendocina termina el trabajo de poda en viñedos y frutales, y comienzan los movimientos de suelo para la temporada de siembra. Es justamente aquí donde cada decisión operativa impacta de lleno en la planilla de costos y en el rendimiento final de cada productor.
En este contexto estacional, la empresa mendocina Agrocosecha realizó su tradicional día de campo en la zona este y además de presentar los drones XAG P150 Max, P150 y Rover 200; puso el foco sobre los dos extremos de este ciclo productivo: cómo gestionar el volumen masivo de residuos que deja la poda sin recurrir a la quema —hoy prohibida por ley— y cómo garantizar una implantación perfecta en los cultivos hortícolas que sostienen la economía de miles de familias.
Del residuo al recurso: triturado para alimentar el suelo
El volumen de sarmientos y ramas que genera Mendoza cada invierno es importante ya que concentra el 71,7% de la superficie a podar de vid y cada año obliga a los productores a un esfuerzo logístico considerable para limpiar campos y fincas.
Durante décadas, la solución tradicional fue el fuego. Sin embargo, ese camino hoy está cerrado. La Ley provincial 6099 prohíbe taxativamente el uso de fuego como herramienta de limpieza, incluyendo rastrojos y restos de poda. Las sanciones no solo incluyen multas severas impuestas por la Dirección de Recursos Naturales Renovables, sino también el riesgo real de perder subsidios agrícolas.
Ante esta restricción, la tecnología de triturado de restos de poda emerge como una herramienta de supervivencia económica y gestión sustentable, ya que permite triturar desde sarmientos livianos hasta troncos de desmonte según el modelo de cada máquina, convirtiendo lo que sobraba al final de la temporada en materia orgánica que vuelve inmediatamente a la tierra.
Desde una perspectiva económica, el beneficio es doble: se elimina el costo y el riesgo de la quema legal y se reduce la necesidad de fertilizantes sintéticos al reaprovechar los nutrientes del propio cultivo, alimentando el suelo para el año siguiente.
Precisión neumática: que no se pierda nada en el surco
Mientras una punta del ciclo se cierra con el triturado, la otra se abre con la siembra de la campaña primavera-verano. Mendoza siembra más de 34.000 hectáreas de hortalizas al año, de las cuales 16.649 son de verano. En esta superficie, el ajo reina con el 40% del área, seguido por papa, zapallo, tomate y cebolla, según un reciente estudio del Instituo de Desarrollo Rural de Mendoza.
En estos cultivos, la rentabilidad se juega en los primeros centímetros del suelo. La siembra tradicional suele enfrentar dos problemas que erosionan el margen del productor: el desperdicio de semilla (por caída doble o huecos) y la falta de uniformidad en el nacimiento. Si las plantas nacen en distintos tiempos o a distancias irregulares, compiten entre sí y el lote nunca rinde su máximo potencial.
La tecnología presentada recientemente apunta a resolver esto mediante sistemas de siembra neumática de precisión que trabajan "por vacío". Estas máquinas levantan la semilla de a una, la sostienen y la sueltan en el punto exacto, abriendo el surco, depositando y tapando en una misma pasada.
La diferencia económica es palpable en el lote implantado: no caen semillas juntas ni quedan vacíos, lo que optimiza el uso del insumo más caro (la semilla) y garantiza que todas las plantas se desarrollen parejas, facilitando las labores culturales y la cosecha.
Una misma lógica de eficiencia
Tanto las trituradoras que gestionan la poda como las sembradoras que planifican la nueva cosecha, obedecen a la misma lógica económica que hoy domina el agro vanguardista en el mundo y que empieza a afianzarse en Mendoza: cuidar que no se pierda nada. Una tecnología evita que la poda se vaya en humo y se pierda como nutriente; la otra, que la semilla se pierda en el surco y se pierda como potencial de venta. En un mes de agosto que pulsa entre el último corte y la primera semilla, el productor local mira hacia herramientas que transforman la eficiencia operativa en sostenibilidad financiera.