Mendoza, de de ·  

Notas Entorno Recursos Hídricos Viernes, 2 de Noviembre de 2018

Mendoza, un desierto…de ideas

¿Seremos capaces de tener una provincia sustentable en el uso de nuestros recursos? Un profundo planteo sobre el cuidado del agua.

Por Juan Pablo Yapura
@JPYapura

Siempre hubo escasez de agua en Mendoza, claro, porque es un desierto. Pero siempre sobraron las ideas. A fuerza de ellas creció la Provincia. Con la legislación más vanguardista del continente, bajo el impulso de las obras hídricas, sistemas de canales y acequias, modelos de gestión participativos, estructuración de financiamiento a largo plazo, concientización, evitar la contaminación, promover la cultura del árbol, Mendoza logró un orgulloso triunfo, desarrolló oasis y una actividad económica que en la identidad provincial grabó a fuego una bandera gloriosa: “vencimos al desierto”. Pero Saramago ya lo había anticipado:  “…la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva".

Entonces, dejamos crecer el desorden territorial a niveles inmanejables, multiplicamos los jardines franceses que requieren lluvias promedio de 800 milímetros de agua cuando apenas tenemos un poco más de 200, y de a poco nos olvidamos que vivimos en un desierto. Y huimos. Huimos de la verdadera situación, desoímos las alertas durante años, y sucedió… la realidad nos alcanzó. La emergencia hídrica, ahora llamada sequía, nos volvió a golpear, y muy fuerte. Nos dimos cuenta que el agua no alcanza, y algunos empezaron a culpar a aquellos que la usan, por no hacerla rendir económicamente como podrían otros sectores u inversores. Y dado que pareciera que en la Argentina los liderazgos emergen del disgusto y no de la compleja construcción de la prosperidad, se instaló el conflicto. 

En un mundo que tiende a ser colaborativo, Mendoza se ha convertido en zona de conflicto en términos hídricos. Nos peleamos con La Pampa y el último fallo de la Suprema Corte de la Nación de diciembre del 2017 es una derrota legal de características monumentales en función de los paradigmas que sostenía Mendoza, la discusión sobre la viabilidad de la minería concentrada en la modificación de la Ley 7722, la resistencia al fracking petrolero y la ilusión de la explosión de inversiones que traería, el avance acusatorio por mal uso del agua en la agricultura, el resquebrajamiento de un modelo diseñado para la ruralidad en zonas que hoy son urbanas, los reclamos sobre el cobro del canon de riego para jardines que resulta más caro que regar jardines con agua potable, son la muestra que la conflictividad por los recursos hídricos está en auge. Se instaló el juego de escaparle al futuro y pelearnos apenas por el presente.


El Balance que falta.
Hay que encontrar una herramienta que logre objetivizar los puntos de desencuentro, convertir el conflicto, en debate. Necesitamos concentrarnos en los “números” del agua en Mendoza. Es momento de enfocarnos en tener las “cuentas claras” del agua. No se administra lo que no se mide, entonces ¿porque creemos que se pueden tomar decisiones sin la información adecuada? Necesitamos una “ecuación de continuidad” que nos permita decidir hacía donde vamos, se impone contar con todos los “ingresos” y las “salidas” de agua. Pero no alcanza con realizar un seguimiento de algunos indicadores, sino que necesitamos la convergencia de toda la información existente en un modelo que nos pueda producir escenarios con las variables que pretendamos modificar. Es el Balance Hídrico la herramienta para analizar toda la oferta y la demanda de agua. Tomar decisiones en época de emergencia/sequía sin ese instrumento más que un error, sería una irresponsabilidad.

En la Legislatura de Mendoza se encuentran presentado los Balances Hídricos de algunas cuencas, y en Irrigación está la información de todas, lo cual se puede modificar, actualizar, cambiar, aclarar, reinterpretar, reescribir o corregir porque siempre se puede mejorar.

¿Cuánto gastamos/invertimos en el agua de Mendoza?

Para el año 2018, la Provincia de Mendoza tiene previstos gastos totales por 85.440 millones de pesos y el Departamento General de Irrigación por 649. Es decir, todo el financiamiento dedicado a la infraestructura hídrica de una Provincia, que es un desierto, representa 0,75 % del total de los fondos que eroga el Estado. De cada 100 pesos que gastamos los mendocinos, 75 centavos los destinamos a la gestión del agua. Y vale aclarar que el sostenimiento de Irrigación se da solo por sus usuarios directos (cerca de 90.000) dada la autarquía que por rango constitucional posee. Aún así, el organismo puede ser una carga pesada para los usuarios, pero le sale muy barato al resto de la Provincia, lo cual lo convierte en actor determinante para el desarrollo.
Por esa razón, los usuarios que han sostenido las inversiones realizadas en el agua durante los últimos 124 años (Irrigación fue creada en 1894) entendemos, se merecen el respeto por su historia y ser parte de las decisiones que se tomen sobre el futuro del agua.
“No se puede comprar la creatividad, hay que inspirarla”.
Como Provincia, sobran ideas para hacer con el agua, pero escasean de cómo hacer que el agua que tenemos rinda mucho más. Ha quedado demostrado en las pobres iniciativas de algún legislador que lejos de traer soluciones para la provincia sólo se ha enfocado en la posibilidad de sacarle agua a alguien, para otorgársela a otro, potenciando así la posibilidad de comprar tierras baratas sin agua, para luego lograr una reasignación del recurso hídrico que las valorice de manera exponencial. Además, con una fina modificación, propone poner a la actividad minera en la orden de prioridades y preferencia para la mencionada reasignación de caudales. “Si no se casan con la realidad, las ideas tienen poca descendencia”.
Faltan ideas para desarrollar, sistemas de ahorro del agua domiciliaria, estructuración de financiamiento para la instalación de tecnología de riego, multiplicación de los reservorios de agua, recuperar las aguas residuales y reutilizarlas, prevenir la contaminación en los procesos industriales y diseñar nuevos sistemas sustentables, buscar y crear nuevos mercados para nuestros productos. “El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas”.

¿Se puede pasar de la escasez a la abundancia?
Podemos intentar tener una Provincia sostenible. ¿Cómo? Con un instrumento que de un corte a las especulaciones sobre la disponibilidad del agua y nos entregue el mejor esfuerzo técnico que es un Balance hídrico. Con planificación hídrica participativa que motive la innovación y la tecnología aplicada a la gestión del agua, tanto pública como privada. Con educación y conocimiento, tomando nota de las lecciones aprendidas. Con un plan de inversiones inédito en eficiencia en la distribución del agua para todos los usos. Con mayor medición de caudales y humedad de suelo. Con obras hídricas adaptadas al cambio climático. Con más innovación y soluciones creativas, con más conectividad rural para un mayor flujo de información hídrica.   Con debates serios y decisiones consensuadas. Con menos conflicto y mas cooperación. Con más integración, asociatividad y alianzas productivas. Con grandeza y generosidad. ¿Seremos capaces?.

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