Mendoza, de de ·  

Notas Entorno RSE Miercoles, 13 de Junio de 2018

Una empresa local reconocida por su compromiso ambiental

Dervinsa, que recicla 190.000 toneladas anuales de residuos de la industria vitivinícola, recibió una mención por el cumplimiento del objetivo "Producción y Consumo Responsable"

Miercoles, 13 de Junio de 2018


Derivados Vínicos S.A. (Dervinsa) recibió una mención por el cumplimiento del objetivo Producción y Consumo Responsable de parte de la Universidad de Congreso. La empresa ubicada en Palmira recicla 190.000 toneladas de residuos al año provenientes de la industria vitivinícola.

Así, a partir del orujo y la borra, entre otros efluentes de las bodegas, elabora subproductos que tras un tratamiento se convierten en productos de origen 100% naturales como el ácido tartárico, alcohol vínico y aceite de pepita de uva, entre otros. En síntesis, recoge, procesa y centraliza los residuos de 650 bodegas de todo el país y le da una disposición final.

La mención fue otorgada en la 16ª edición de estos reconocimientos y en ocasión del Día Mundial del Medio Ambiente. Este año el lema fue por el cumplimiento de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS). La distinción tiene por objeto reconocer y fomentar el esfuerzo que realizan en la provincia sus habitantes, organizaciones sociales, empresas e instituciones públicas, destacando sus aportes al desarrollo sustentable.

En la actualidad, Dervinsa vende sus productos a Estados Unidos, Canadá, Chile, México, Francia, España, Brasil, Uruguay, Sudáfrica, Australia y Egipto, entre otros lugares. Están destinados, principalmente, a la elaboración de los vinos, a las industrias farmacéutica y alimenticia.


En la producción de los derivados naturales de la uva se generan residuos líquidos y sólidos. Para el tratamiento de los líquidos, la empresa ha desarrollado un bosque -sobre tierras infértiles por su alta salinidad-, que se riega con ellos. El predio en Palmira tiene 109 hectáreas de las cuales 96 están forestadas con más de 110.000 árboles.

La principal especie cultivada es el Eucalipto Camandulensis, que es de rápido crecimiento y tolerante a factores de estrés propios y de la zona. Esta plantación es irrigada con aguas residuales ricas en nutrientes, derivadas del proceso de elaboración, previamente tratadas y acondicionadas para su reúso agrícola.

Mientras que una parte de los desechos sólidos son empleados como mejoradores de suelo en viñedos y fincas: un compost que elabora a través de un convenio de vinculación con el INTA. La otra parte restante, junto con la madera obtenida del cultivo del eucalipto, se usa en la generación del 75% del vapor utilizado en procesos por intermedio de dos calderas destinadas a tal efecto. De este modo, se evita consumir combustibles fósiles no renovables, lo que trae aparejado una importante reducción en las emisiones de CO2 a la atmósfera.

También hay un consumo de CO2 a través del proceso natural de fotosíntesis, en el cual los árboles lo absorben y lo transforman en O2, vital para el desarrollo de la especie. Éste bosque consume unas 1.200 toneladas de CO2 anualmente. Mientras que la fábrica, al utilizar biomasa para el uso en calderas, deja de emitir unas 7.000 toneladas al año.

El bosque se ha convertido en el pulmón verde más grande del Este de Mendoza. En esas hectáreas conviven 50 especies: hay jilgueros, palomas, caranchos, pájaros carpinteros, zorros, liebres y mulitas, entre otros. En la laguna, que queda en su interior, habitan patos y nutrias.

En síntesis, la producción y consumo responsable de la empresa conlleva:

·         El bosque transforma el destino del efluente en beneficio y hace que Dervinsa sea una planta con un perfil netamente responsable, sustentable y ecológico dentro del ecosistema industrial. El bosque de eucalipto consume 1.200 toneladas anuales de CO2 (equivale a la emisión de 500.000 litros de nafta o 300 autos circulando 20.000 kilómetros por año).

·         Al retirar los efluentes de la industria vitivinícola argentina elimina 650 puntos de "vuelcos" de residuos.

·         Produce un compost natural con materia orgánica propia de la región que luego es utilizado en fincas y viveros. Al elaborar este compost convertimos parte de los residuos enológicos en un material apto para volver al suelo de donde ha salido, contribuyendo de esa forma al ciclo cerrado de la vida.

·         La actividad necesita de energía y el hecho de haber sustituido un combustible fósil como el gas natural por biomasa llevó a reducir la emisión de CO2 en 7.000 toneladas por año. Esto equivale a no consumir 2.000.000 de litros de nafta, unos 1.200 autos circulando 20.000 kilómetros por año.