Si el lector está esperando la solución mágica adecuada a su interés, seguramente logrará una frustración con la lectura de esta nota.
La respuesta a la cuestión que planteamos debe considerar diversos factores que podríamos enunciar en: monto a invertir, edad y actividad del sujeto, tiempo esperado para el retorno, seguridad pretendida para la colocación, oportunidad y lugar del inversor y/o de la inversión, circunstancias y contexto del entorno temporal, etc.
No es lo mismo disponer nuestros ahorros para conservar su poder adquisitivo, querer colocar excedentes financieros o simplemente desarrollar la inversión como actividad en sí misma.
En general podemos afirmar que no existe una receta que sea válida para todos. Cada caso se analiza dentro de un contexto de variables que necesariamente deben ser consideradas. Luego, a la luz de ese juicio propondríamos un tipo de inversión.
En otras épocas, con altos niveles de inflación, orientábamos a comerciantes e industriales a invertir en stock, incrementar sus deudas y reducir sus cuentas por cobrar.
Al contrario, con estabilidad y sin inflación el consejo era reducir stock y aumentar la velocidad de rotación del mismo, reducir sus pasivos tratan- do de maximizar beneficios y descuentos por pago contado e incrementar sus ventas aun fiando.
También en otros momentos recordamos haber sugerido “no pregunte cuánto vale, compre”, refiriéndonos al dólar.
Otra de las recomendaciones que dábamos era “invertir solo en lo que se entienda, no dejarse llevar por ilusiones”. Aun cuando las tasas de inflación y los problemas cambiarios no son los mismos en este momento, no podemos dejar de pensar en aquellos viejos consejos.
Hoy las tasas de interés de plazos fijos son negativas y el contexto económico internacional es muy complejo.
Invertir en ladrillos, dólares, stock, caja de ahorro, acciones, bonos, etc, o en una canasta de varias opciones y productos, va a depender del estudio de las circunstancias aplicables al caso. Meter todos los consejos y opiniones en una sola bolsa sería a todas luces una simplificación inadecuada.
Nuestra mejor sugerencia es acercarse a los profesionales que puedan ayudarlos y que contemplen las particularidades de edad, psicología, monto de inversión, necesidades individuales y objetivos del inversor, para lograr un consejo adecuado a cada caso. La búsqueda del equilibrio entre la persona y el producto apropiado depende entonces de lo que cada sujeto pretenda como objetivo para su inversión, dentro de un marco de sensatez, aceptación de la realidad y asesoramiento adecuado.





